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Cuando nos acercamos a la época del año en que la primavera deja paso al tiempo caluroso, inevitablemente se verifica, entre otros factores, un aumento creciente de la temperatura, la cual en pleno verano puede alcanzar y superar los 32-33 °C, siendo también éste el momento en que debido a esos factores puede tornarse dificultoso el control del hormigón.

Entramos en la época del año en que pueden presentarse problemas, razón por la cual hay que plantearse fundamentalmente, el análisis de los distintos factores que traen aparejada una disminución de la resistencia y/o agrietamiento o fisuramientos de las estructuras.

El hormigón endurece y gana resistencia debido a la reacción química que se verifica entre el cemento y el agua (hidratación), reacción que se acelera a medida que aumenta la temperatura.

Por cada 11 °C de aumento de temperatura, se duplica la velocidad de reacción. Y si el hormigón se seca prematuramente, la cantidad de agua disponible para esta reacción será insuficiente.

Sin agua, no hay hidratación; por lo tanto, no hay ganancia de resistencia.

Efectos del tiempo caluroso

Los efectos indeseables sobre el hormigón en estado plástico pueden incluir:

  1. a) Demanda creciente de agua.
  2. b) Velocidad creciente de pérdida de asentamiento con la correspondiente tendencia a agregar agua en obra.
  3. c) Disminución del tiempo de fraguado, resultante en una mayor dificultad en el manipuleo, terminado y curado, y aumentando la posibilidad de las uniones defectuosas entre una superficie y otra (juntas frías).
  4. d) Tendencia creciente al agrietamiento en estado plástico.
  5. e) Dificultad en el control del contenido de aire incorporado. Los efectos indeseables sobre el hormigón en el estado endurecido pueden incluir:
  6. a) Disminución de resistencia debido a la mayor demanda de agua.
  7. b) Tendencia creciente a la contracción por secado y agrietamiento térmico diferencial.
  8. c) Disminución de la durabilidad.
  9. d) Uniformidad decreciente de la apariencia superficial.